
Aunque el tiempo ha pasado desde mi visita médica a este hermoso país, todavía recuerdo con enorme gratitud cada momento vivido, cada conversación y cada muestra de cariño que recibí por parte del pueblo ecuatoriano.
Hay experiencias que simplemente no se olvidan… y Ecuador fue una de ellas.
Hoy quiero tomarme un momento para agradecer nuevamente a todas las personas que hicieron parte de aquella etapa tan especial de mi vida profesional y humana. A quienes confiaron en mi trabajo, me recibieron con respeto, me brindaron su hospitalidad y me permitieron compartir conocimientos, experiencias y momentos que dejaron una huella imborrable en mi corazón.
Como médico, uno viaja con el propósito de ayudar, orientar y aportar bienestar. Pero en ocasiones sucede algo mucho más grande: termina siendo uno quien recibe una lección de humanidad, cariño y grandeza por parte de las personas que conoce en el camino.
Eso fue exactamente lo que viví en Ecuador.
Recuerdo con especial aprecio cada paciente, cada familia, cada rostro lleno de esperanza y cada persona que se acercó con una palabra amable, una sonrisa sincera o un gesto de afecto genuino. Más allá de lo profesional, me encontré con seres humanos extraordinarios, con una calidad humana admirable y con un país lleno de calidez, cultura y valores que merecen ser reconocidos.
Muchas veces en la vida los lugares se recuerdan por sus paisajes…
pero Ecuador se recuerda por su gente.
Por la nobleza de quienes me abrieron las puertas.
Por el respeto con el que fui tratado.
Por la confianza que depositaron en mí.
Y por el cariño que aún hoy sigo sintiendo cuando recuerdo aquella experiencia.
A lo largo de mi trayectoria he tenido la oportunidad de conocer muchas personas y vivir grandes experiencias, pero hay conexiones que trascienden el tiempo y permanecen intactas. Ecuador representa precisamente eso: una conexión auténtica que dejó huella en mi vida personal y profesional.
Quiero agradecer también a todos aquellos que, incluso después de tanto tiempo, continúan enviando mensajes, recordando mi visita y expresando su aprecio hacia mi trabajo. Ese tipo de afecto no se compra, no se improvisa y jamás se olvida.
Cada palabra de apoyo, cada recomendación y cada muestra de confianza han sido una motivación enorme para seguir trabajando con más compromiso, ética, dedicación y amor por lo que hago.
Porque al final, la verdadera medicina no solamente consiste en diagnósticos o tratamientos…
también consiste en escuchar, comprender, acompañar y generar esperanza.
Y eso fue precisamente lo que Ecuador me enseñó:
que cuando el servicio se hace desde el corazón, las conexiones humanas permanecen para siempre. ❤️
Gracias infinitas a todos los ecuatorianos que hicieron parte de aquella experiencia tan significativa.
Gracias por el respeto.
Gracias por el cariño.
Gracias por la confianza.
Gracias por permitirme ser parte, aunque fuera por un momento, de sus vidas y de sus historias.
Deseo de corazón que la vida les multiplique en salud, bienestar, unión familiar y prosperidad todo el afecto que me brindaron.
Espero que en algún momento nuestros caminos vuelvan a encontrarse.
Y mientras eso sucede, sepan que siempre guardaré a Ecuador con enorme aprecio, admiración y gratitud.
Con respeto y afecto,
Dr. Edgar Cortés